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Las anchas autopistas luminosas, acabarán por desplazar mis antojadas rutas solitarias de luces moribundas a lo lejos; de un silencio acaso interrumpido, por alguna emisora de radio pasajera, trasnochada y melancólica, que acompaña evocando una vieja canción olvidada, para desaparecer entre ruidos ásperos o agudos y palabras confusas y mezcladas, volviendo a desertarme en lo hondo de una oscuridad intangible y misteriosa.
Fija la mirada en el túnel oscuro que excita aún más el pensamiento, Exuberante, Ilimitado.
Algún pequeño caserío, tal vez me albergue y sólo por una noche, pero el cansancio no vence el embrujo de la fábula nocturna abundante en formas que deambulan, impregnando los restos encendidos de su batalla despiadada con las sombras, en los caminos de tierra o los pueblos ceñidos por la niebla. Antes del amanecer llegué a la casa, de la mesa en desorden tomé el vaso que parecía limpio y bebí.
Ahora amanece.
Dolores dE Torres |
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Noche, esa fracción de tiempo que nos deja de alguna manera en una soledad más inquietante, encontrar un paisaje más sensorial ligado a contradicciones.
Sombras profundas que alimentan sueños de la niñez, pedir dejar la luz encendida, un refugio en la curva de un espacio lleno de destellos lejanos.
Un paisaje camaleónico que el día transformara en algo distinto.
La noche tiñe a la mirada en una alerta, donde la tranquilidad reposa en la intranquilidad de recorrer las sombras, cómplice como la rutina de un mago, miro lo que no puedo ver y siento las luces certificar la realidad al transitar ajeno tu sombra.
Santiago Correa |
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En la noche
La oscuridad tiene un latido que se esconde en los sonidos azarosos de las calles umbrías.
Un ojo sin sujeto, indiscreto y pertinaz, cincela las escenas inconexas y las insta sobre un abismo perpetuo que mañana nadie notará.
Y ahí están los doloridos, los olvidados, los solitarios, los que temen, los que gozan, los que callan, los que gritan, los que desesperadamente buscan contactar con otro ser, los que nacen, los que mueren, los que lloran, los que duermen, los que esperan, los que aman.
Y el carrusel se desliza entre las luces moribundas.
El velo del misterio se cierne sobre el gozo y el tormento. Como si la dicha fuera hechicería y la desdicha, una cáustica belleza sin entorno ni pertenencia.
Un gato funámbulo irrumpe de cuando en cuando y sigue su camino, impasible. Estoico.
Todo puede suceder en esta zona efímera e insondable.
Mi cámara deambula sin necesitarme.
Una espía en la noche.
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